sábado, 28 de diciembre de 2013

MÍO





Reconozco que esta vez ha sido culpa mía. Le he estado provocando. Admito que cuando me pongo cabrona me vuelvo realmente mala. Profundizo en lo que incomoda a mi interlocutor, esperando el momento en que va cayendo en mis trampas verbales, regodeándome en su falta de prudencia para meterse en los jardines que alegremente le voy preparando. Pero me apetecía jugar con él. Sobre todo me apetecía jugar a ese juego. Él no lo recordaba, pero lo habíamos pactado poco tiempo atrás. Cuando ya lo he encabronado bastante he hecho una pausa, le he mirado, me he sonreído y sin dejar de mirarle le he pasado mi pañuelo por la mano aprisionándola con él. Entonces él ha comprendido…

– Waaa…¿Qué vas a hacer?
– Cállate, ahora vas a ser mío

He juntado sus muñecas y se las he atado. Le he quitado la ropa y antes de que pudiera decir nada le he mandado otra vez que se callara

– Shhhhh, no, no digas nada…y espera

He salido del cuarto para arreglarme y vestirme para la ocasión… Poca ropa. La suficiente como para que él deseara quitármela. Medias con liguero, taconazos…lo bastante poca como para volverle loco de deseo…

Cuando he vuelto le notaba nervioso. He cogido una cuerda y la he atado al pañuelo que le sujetaba las muñecas. He empezado a caminar alrededor de él mientras le hablaba.

Hoy vas a tener que hacer lo que te mande…te guste o no…

Mis tacones repicaban en el suelo como el tic tac de un reloj. Me he quedado mirándole a los ojos, haciéndole dudar de cual sería mi siguiente paso. He empezado a tocar mi cuerpo delante de él, provocándole, con movimientos sensuales, con cara de zorra. Me he acercado a él sacando mi lengua para pasarla por sus labios. Pero solo me he aproximado, ni siquiera le he rozado, tan solo he hecho ese gesto con toda la cerdez que he sido capaz. Su rabo se ha levantado como si tuviera un resorte…


Mmmmm ¿Qué quieres? ¿quieres un poquito de esto?–  Y me he sacado las tetas por fuera, agarrándolas para ofrecérselas con las dos manos …
Chupa

Las lamía como si le fuera la vida en ello, y a mis pezones les ha gustado muchísimo, pero al momento me he retirado y he seguido tocándome, insinuándome. Entonces he dado un tirón a la cuerda y me he encaminado por el pasillo hacia el dormitorio tirando de él. Estaba tremendamente cachonda. Me sentía como si hubiera sacado fuera de mí a una bruja, a una jodida bruja lasciva que hubiera tomado posesión de mi mente, de mi cuerpo, de mi coño hambriento…

La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por las llamas de unas velas que había preparado después de vestirme. Encima de la mesa había dejado también varios vibradores como si fuera un muestrario, sobre todo con la intención de confundirle. Le he atado al cabecero de la cama y he agarrado un pañuelo de seda. Lo he pasado por su cuerpo haciéndole cosquillas, se movía y su polla saltaba aquí y allá. Entonces le he vendado los ojos con el mismo pañuelo. Primero he acariciado todo su cuerpo con los dedos, con las palmas de las manos, con el dorso de mis brazos o con mis pantorrillas o los muslos, trataba sobre todo de que tuviera distintas sensaciones, así que pasaba de las caricias a la presión incluso al dolor, alguna palmada, algunas gotitas de cera, lenguetazos, mordiscos, me ha lamido los dedos de las manos, me ha lamido los pies, los pezones…he probado a pasarle alguno de mis vibradores o le pasaba distintos objetos que tuviera a mi alcance o se los hacía chupar. Su polla brillaba de excitación pero aún no quería tocarle el rabo. Quería prolongar todas esas sensaciones todo el tiempo que fuera posible… Ni siquiera yo sabía a dónde llegaríamos…me daba igual, me lo estaba pasando en grande…

Él se agitaba con mis caricias y mis pequeñas torturas. Sabía que estaba deseando que le tocara la polla. He pasado mis dedos por sus ingles trazando círculos alrededor de su sexo, acercándome cada vez más a mi destino, acariciaba levemente la puntita, o hacía pasadas rápidas por sus huevos. Entonces le he agarrado firmemente la polla, se la he pajeado deprisa. Ha soltado un gemido y le he mandado callar. Su polla estaba descomunal. He seguido pajeándole un buen rato, como demostrándole que esa polla era “mi polla”.

Después he acercado mis labios a su glande y se lo he lamido despacio, muy despacio. He pasado mi lengua por todo su rabo mientras tiraba con suavidad de sus cojones y a continuación la he vuelto a meter en la boca. Le daba chupadas amplias sintiendo como su sexo se volvía más y más rotundo sobre mi lengua, como al tiempo que toda su carne me llenaba hasta la garganta su excitación subía y subía. Movía ligeramente las caderas y entonces le mandaba parar. Le notaba muy muy cachondo pero no quería que se corriera. Mi intención era mantenerle en ese estado todo el tiempo que pudiera pero yo también estaba increíblemente cachonda. Su excitación me provocaba pero no ha sido solo eso. No han sido solo las sensaciones físicas, que también, ese olor a sexo que emanaba de nuestros cuerpos, el calor de la piel, los colores de la habitación comprimiendo mi cabeza, el sonido de nuestros gemidos y ese "algo" que se siente a través de un sentido no definido...esa delicia de reunir todos los sentidos, de concentrarse en el placer...pero sobre todo el poder decidir el qué, cómo, de qué manera, la intensidad, el tiempo...  Ha sido esa sensación de poder, de dominio que he tenido sobre él lo que me ha sacado fuera de mí.

He seguido chupando su polla, pero cuando notaba que podía correrse paraba. Le he sacado la venda de los ojos porque quería que me viera. Se la he comido sin las manos o ayudándome de ellas según si quería acelerar o detener el proceso. Le he hecho lamidas más cortas o más largas también según el efecto que quisiera conseguir. No he dejado de mirarle a los ojos. Le he vuelto a pajear. No sé cuánto tiempo ha pasado, he perdido la noción del tiempo. He estado jugando con la polla como si fuera uno de mis juguetitos, metiéndola en la boca, pasándomela por el cuerpo, por el coño, volviéndome loca, volviéndole loco, usándole. Estaba disfrutando físicamente pero sobre todo mi goce provenía de mi estado mental. Mantenerle en ese estado de cachondez tanto tiempo me ha llevado al delirio. Y a él también.


–  Por favor, déjame correrme, necesito correrme…


He cogido uno de los vibradores y me he puesto a horcajadas sobre él, he pasado mis piernas por encima de sus caderas, abierta totalmente, y me he recostado hacia atrás. Sus huevos rozaban en mi coño. Entonces me he masturbado así, para que me viera bien. Me rozaba contra él, o pasaba el vibrador por mi clítoris o bien lo metía en mi coño enérgicamente.


–  Dios, dios…vas a matarme…cabrona…estoy que no puedo más, joder
–  ¿Quieres correrte? ¿Sí? ¿Quieres correrte ya? Mmmmmm me parece que todavía no te lo has ganado cabronazo. Como te corras sin mi permiso, verás…


No lo ha hecho. He seguido masturbándome con lubricidad, dejándome poseer por mi cachondez, frenética, enlazada a su cuerpo, a su mente, a su propio paroxismo. Me he corrido entre jadeos profundos, en un orgasmo delirante, en un estado de embriaguez y lujuria único.

Entonces he vuelto a él. Le he metido la lengua por todos los putos rincones de su cuerpo. Le notaba empalmadísimo y con muchas ganas de correrse, pero cada vez que intuía que podía hacerlo me detenía, tiraba de sus testículos o apretaba levemente su glande unos segundos…o bien hacía un descanso. Luego volvía nuevamente a su verga, a dedicarle todos mis cuidados para que siguiera bien dura. Me he sentado en cuclillas sobre su cara.


Saca la lengua. Más. Más… Lame. Así, más arriba. Ahora el coño. Métela en el agujero. Fóllame.


Me ha estado comiendo el coño un buen rato. Lo ha hecho muy bien, con verdadera dedicación, con pasadas prolongadas, lentas, follándome mi agujerito o dando golpecitos en mi clítoris hasta que me he vuelto a correr en un orgasmo inmenso. Luego he vuelto a su polla otra vez. Y otra. Poniéndolo fuera de sí o calmándolo a mi antojo. Me ha suplicado que me lo follara. Me ha rogado que se la mamara hasta correrse. Me ha implorado una y otra vez que lo dejara eyacular. Y una y otra vez se lo negaba.

Pero ha llegado un momento en que lo he visto en sus ojos. Realmente no podía más. Llevaba demasiado tiempo mortificándolo, temblaba y su sexo parecía a punto de estallar. Vertical, con el capullo hinchado y enrojecido. No paraba de gemir.


Por favor, por favor déjame correrme, lo necesito, lo necesito…


Yo sabía por experiencia como es esa sensación de estar tanto tiempo a punto de correrte. Es un placer irritante, te gusta y te molesta, es una sensación imperiosa, te encabrona y te envuelve al mismo tiempo. Si se prolonga mucho tiempo te sientes sobrepasado y hasta sientes ganas de llorar. Es un gozo dolorosamente contradictorio y, por eso mismo, cuando puedes dar rienda suelta a tu placer es doblemente intenso.

Me he clavado en él suavemente, dejando que todo el tronco de su polla, rígida como estaba, me penetrara. Me he quedado un momento así, mirándole, dejando que el aire entrara y saliera de mi pecho con violencia. Y entonces me he vuelto loca. Loca del todo. Me lo he follado salvaje, a toda máquina, moviendo mi culo arriba y abajo, trazando círculos, en cuclillas, mientras nos acompañaba el chofchof de nuestro sexo, dejando caer hebras de saliva de mi boca o echando la cabeza hacia atrás mientras le hundía en mi coño feroz, mis tetas saltaban al compás de esos ardientes movimientos míos, flotando voluptuosas frente a él y tenía mi cara desencajada por la tremenda follada.


–  ¿Ves? ¿Ves lo puta que me pones, cabrón? Me pones tan guarra que consigues que te ate y te folle así de cerda.


Al verme tan loca se ha puesto más cachondo aún.


Así… así no aguanto, no puedo, no puedo, para, para que me corro.
–  Venga hijodeputa. Córrete. Ahora. Córrete en mi coño que lo está deseando. Quiero toda tu leche chorreándome en el coño hasta sentirme totalmente llena. Venga. Córrete.


Sus gemidos de placer casi me han asustado. Unos sonidos guturales, profundos que se arrastraban por su garganta a golpes y se me hincaban en el pecho. Su polla se movía dentro de mí, sentía los espasmos de su polla y de todo su cuerpo vibrando de gusto. Ha sido un orgasmo largo, inmenso, esplendoroso. Todo él se retorcía bajo mi cuerpo, enajenado, muy puto. Yo me he sentido magnífica, como si fuera la portadora de su secreto, como si tuviera dentro de mí la clave de su alma, me he sentido especial, feliz, y me he sentido la puta Diosa de los Eternos Orgasmos.

Le he soltado las ataduras y me ha abrazado por la cintura. Me he quedado tumbada sobre él un momento volviendo con él a ese lugar donde ambos podemos estar tranquilos. Su respiración se iba recuperando y se acoplaba a la mía. Me ha besado en silencio, agradecido. Su corazón sonaba fuerte, imponente. Mío